viernes, 4 de marzo de 2011

Cuéntame: QUÉ FUÉ DE LAS TERTULIAS, Y DEL CAFÉ


SOBRE ESTAS LÍNEAS: Antonio Machado, en el Café de las Salesas, donde compartía tertulia con su hermano Manuel. Imagen tomada por Alfonso, el más famoso e inmortal fotógrafo del Madrid de la primera mitad del siglo XX. Las tertulias y los cafés de fines del XIX y principios del XX, fueron el "caldo de cultivo" y "la universidad callejera", que dieron como fruto un nuevo Siglo de Oro en nuestras letras: La Generación del 98, la Novecentista  y la Generación del 27. Medio centenar de genios de la escritura y de las artes, unidos por el tiempo, por las circunstancias sociales de España y -sobre todo- por las tertulias y sus reuniones en los cafés de Madrid.

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BAJO ESTAS LINEAS: La tertulia de los cómicos de El Café Gijón (foto tomada del libro "Aquellos bohemios del Café Gijón", de José Bárcena). A nuestra derecha, en primer término (sentado, con corbata), Lorenzo Díaz; tras él, Pepe Bárcena y detrás de aquel  -de pié- : Jose Luis Coll. Lorenzo Díaz es uno de los últimos "supervivientes" de esta cultura de las tertulias y de los cafés, que consiguió en los años ochenta no morir del todo, pasando al mundo del periodismo hablado. Pues tras el fin de estas reuniones en los cafés y en los clubes, algunos de sus tertulianos lograron que no desaparecieran, gracias a  programas de la radio. Son estos los años en los que Luis Carandell, Manuel Summers, Antonio Mingote y tantos otros, trasladan sus  sobremesas a las ondas hertzianas; para continuar en sus tertulias radiofónicas, narrando aquello que antes comentaban en los cafés y en los restaurantes (tras las comidas o las cenas). Actualmente, es quizás tan solo el programa de Carlos Herrera ("Herrera en la Onda"), uno de los pocos que conserva el " verdadero ambiete tertuliano"; en el que el presentador principal actua de "hombre moderado", mientras los colaboradores, avivan la conversación, dando siempre un toque humano, picante, divertido y culto a cuanto se comenta. Pues la tertulia debe combinar: Un ambiente alegre y cultivado, unido a frases lúcidas y novedosas; junto ideas originales, que transgredan o hagan reflexionar, al que las escucha.
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Quienes crean que al hablar de la "cultura de las tertulias y los cafés" estamos refiriéndonos a una "sub-cultura" o a una "infra-intelectualidad", están  más que confundidos. Pues los literatos, pintores y artistas más importantes de España, en los últimos ciento veinte años, se reunieron y nacieron en ese ambiente. Nos referimos a los integrantes del 98, los Novecentistas y los de la Generación del 27; cuyos lugares de unión, ensamblaje y "aprendidaje", fueron los cafés del Madrid de fines del XIX y principios del siglo XX. Pero para entenderlo mejor, explicaremos detalladamente lo que fueron aquellos cafés, de donde nació su cultura; para exponer luego lo que significaron sus tertulias y sus tertulianos.

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Pues al parecer aquellos lugares de reunión, donde se arreglaba "el mundo" y se pretendía influir en la Sociedad, nacen de los mentideros del siglo XVII, que ya poblaban el Madrid de los Austrias en "época de los felipes". Buena cuenta de ellos da Lorenzo Diaz en su libro "Madrid: Tabernas, botillerías y cafés", explicando como los altos cargos y poderosos de la Villa y Corte, se veían sometidos a diario al juicio y opiniones del pueblo capitalino; quienes en sus mentideros y tabernas, narraban las mas extrañas historias sobre los reyes, nobles, altos clérigos (y de "todo bicho vivente" que fuera digno de mención en las conversaciones "del corazón" de antaño). Cotilleos, leyendas urbanas de la Villa y Corte o "verdades-mentirizadas", que desde época de Felipe II se comentaban, contaban y re-narraban en toda esquina de la ciudad (en cualquier taberna, o en las entonces frecuentadas  "botillerías"). Algo que también era normal en la hora de los chocolates, que servían en las calles "las chocolateras"; quienes aguardaban en frente a los palacios o los edificios oficiales, esperando que bajaran los "funcionarios" (llamados comúnmente archiveros) o el personal de servicio, a degustar el chocolate y contarse las cosas de sus señores. Aunque todo ello, fue transformándose en el siglo XVII del "simple cotilleo y los comentarios sobre las amantes de los poderosos"; a otras reuniones muy diferentes: Las de intelectuales e ilustrados, que ya deseaban generar grupos de presión. Quienes se congregaban en estas tabernas y en las botillería, para intentar tener una influencia sobre el gobierno y los monarcas. De todo ello, nacería decenios después, el café.

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Así con la llegada de los franceses, parece ser que vino a nuestra nación una nueva costumbre, como fué la del café. Considerándose que hacia 1810 se habían extendido en nuestras capitales unos nuevos locales, cuya moda vino de París y cuyas costumbres procedían del imperio Austro-Húngaro. Estos eran los llamados "cafés" o "vieneses", que servían "algo" nacido de la lucha e intecambio cultural entre los austriacos, los húngaros y los turcos. Porque las guerras entre austrohúngaros y otómanos, habían difundido la costumbre anatolia del café, tanto como tomarlo con un bollo hecho forma de media luna, creado o copiado por los vieneses y llamado por ello: "Croissante" (creciente, con la linea que tenía el estandarte turco). Así estos cafés comienzan a abrirse en España en época de José Napoleón (injustamente llamado Pepe Botella) y esa fué una de las pocas cosas que no regresaron a París, cuando después la Guerra de la Independencia, los franceses volvieron tras los Pirineos. Es más, parece que allí comenzaron a reunirse los "afrancesados" en tiempos de la invasión napoleónica, sabÍéndose que tras aquella incursión francesa (después de la restauración de la monarquía fernandina), en esos "cafés" se citaban los intelectuales mas liberales. Un ejemplo de estos fué "La Fontana de Oro" que Benito Pérez Galdós menciona en sus Episodios Nacionales, hacia 1910. Tanto como El Café Príncipe o el de La Nicolasa, donde Mariano Jose de Larra, Leandro Fernández de Moratín o José Zorrila se reunieron, escribieron y recitaron sus versos (entre 1820 y 1840).


De tal manera, tras la muerte de Fernando VII (al que "Dios tenga en su Gloria" y -sobre todo-, nunca nos lo reenvíe...); ya había varios cafés famosos en Madrid, a los que entonces comenzaron a denominar: Suizos (no vieneses). Parece que el primer "Suizo" propiamente dicho, se abre en Granada y que muy pronto tiene su homónimo en la capital (hacia 1835); situado en La Calle de Alcalá, en el mismo lugar y emplazamiento donde poco después nacería El Casino de Madrid. Aquel Café Suizo madrileño, comenzó a frecuentarse por los miembros de la Academia de  San Fernando (cuya sede, dista pocos metros de su local) convirtiéndose en un verdadero "Ateneo Cultural".  En igual época existía el llamado Café Solito, abierto antes de 1836, muy cercano al anterior y que igualmente se hace un mentidero pleno de intelectuales y conspiradores. Pese a ello, nada tuvieron que ver estos "cafelitos" hispanos de principios del XIX, con los verdaderos centros de reunión cultural y de promoción intelectual que fueron los cafés de París, los de Austria o los de Alemania en iguales años.
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Aunque hacia 1880, parece que la función social de los cafés cambia sobremanera en el ámbito artístico de nuestro país y allí pasan a reunirse las élites progresistas, ya con la intención plena de generar nuevas artes, tanto como verdaderos grupos de presión. De tal manera, una de las primeras obras literarias nacidas de la tertulia y del café, podemos decir que es La Regenta (de Leopoldo Alas "Clarín"); quien frecuentaba diariamente su tertulia, en estos años ochenta del siglo XIX, cuando regresa a Oviedo. Así pude saber -contado de primera mano- como Don Leopoldo, tarde tras tarde iba al Café España que regentaba uno de sus amigos mas cercanos, llamado José Gomez Morán (padre de mi abuelo, Luis Gómez-Morán). Con el que compartía tertulia, que era además de su médico, el hermano de uno de sus mas cercanos discípulos (Ulpiano Gómez Morán). Dicen y parece cierto, que todos ellos fueron contando al escritor, en sus "reunioncillas" diarias, los cotilleos de la capital del pricipado. Chismes e historias que a Leopoldo Alas le inspiraron una serie de ensayos sueltos, que finalmente decide unir, creando así su libro La Regenta; donde narra las verdades del ambiente decimonónico hispano.
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Será esta última generación de novelistas de fines del  XIX (naturalistas), quienes se inspiraban en el ambiente cotidiano su época; los que comienzan a reunirse junto a sus discípulos en los cafés y en los casinos. No solo para charlar, sino más bien para intercambiar ideas y para ir conociendo las "verdades sociales", creando allí las importantes tertulias. Es en aquellos años  cercanos a 1880, cuando nace también el término "BOHEMIO", que se "inventa" (o se recoge por primera vez) por el escritor Henri Murger, en su libro "Escenas de la vida Bohemia". Tras ello, se difunde ese apelativo, para indicar una generación nueva de artistas paupérrimos y urbanos (principalmente parisinos) que viven de un modo cercano a la mendicidad, pese a poseer las "luces del arte y de la sabiduría". De aquellos bohemios de Huger nacieron varias obras y hasta óperas que recogían ese modo de vida de los intelectuales de fines del XIX (como La Bohême, de Puccini).
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Los etimólogos afirman que este término identificaba a esos intelectuales "cuasi mendigos", con los gitanos; a quienes en París les llamaba bohémios en aquella época (por ser en su gran parte, húngaros). Aunque visto que el término usado en el siglo XIX para identificar a los "gitanes" franceses, era el de "zíngaros" (húngaros) y no el de bohemios; personalmente me inclino a creer que esta palabra tiene otro origen. Pensando que más ciertamente pudiera nacer de que aquellos  intelectuales y artistas que vivían y dormían en los los cafés vieneses a principios del XIX; y de ello quizás se les llamase "bohemios" a los que algo similar hicieron en París. No solo por la influencia del café vienés, sino más bien por ser la zona austrohúngara de Bohemia, donde nacieron grandes artistas, cuya vida muchas veces fué paupérrima y se desarrolla cerca de estos locales frecuentados por la burguesía. Sabiéndose que la costumbre de músicos y poetas de "sobrevivir" en el marco de cafés, frecuentados por los ricos, era típica de zonas como Viena, Praga o Carlo Vivari (desde fines del XVIII y principios del siglo XIX).
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Pero pasemos a nuestros cafés, que hacia 1880 se convierten en el foco fundamental de toda la cultura. Siendo curiosamente, Madrid, la capital en la que se desarrolla esta "importante civilización" llamada de las tertulias. En aquellos años, además se acompañan y ayudan en sus ambientes por dos novedades: La iluminación (a gas, fundamentalmente) y la arquitectura de hierro, que resuelve sus apoyos. Pudiendo aumentarse con columnas férreas, el espacio interior de los locales (en los bajos); tanto como crear cenadores o invernaderos exteriores, en cristal y acero. Todo ello, parece que concedió una magia y un atractivo insuperables al ambiente de los cafés a fines del XIX; haciendo de ellos "LA MEJOR UNIVERSIDAD" (tal como opinaba Miguel de Unamuno sobre los cafés). Todo aquello, se combinó con las formas de la arquitectura modernista, que llegaba entonces de París; dando a sus barras, sus lámparas, sus sillas o sus escaparates, un estilo que implicaba los más grandes adelantos de la época, junto a los nuevos pensadores de entonces. Aunando así el hierro (del ferrocarril y de los vehículos a tracción), con la belleza de los movimientos artísticos más refinados europeos, inspirados en estéticas orientales (como el impresionismo o el modernismo).
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De tal manera, hacia fines del siglo XIX, varios de estos locales se extendían por toda la ciudad de Madrid, que distinguía entre el "café de barrio" (frecuentado por gentes normales, trabajadores y personas que iban a tomar allí alcohol) y "El Café", propiamente dicho. Siendo este último, un lugar donde a diario asistían los artistas y bohemios; o bien, un elegante local donde la burguesía y las gentes adineradas tomaban su chocolate o su infusión con croissant (cruasán), mientras hablaban de cuanto sucedía en la Villa y Corte. Por su parte, la fuerza o el poder intelectual de los que se reunían en estos locales residía en que los bohemios que allí se reunían, pertenecían comúnmente a los mundos mas radicales y politizados de aquellos años. Artistas y poetas que emigraban desde sus pueblos o ciudades de origen, hasta Madrid y que a veces subsistían gracias a los cafes y algunas tostadas que les regalaba el "mecenas de turno". Gentes de gran talento e inmensurable calidad intelectual, que comúnmente se iniciaban así: Viviendo casi en la mendicidad (o de lo que les enviaban sus familias) y reuniéndose en estos cafés, donde daban a conocer su pensamiento y sus obras. Integrándose comúnmente en grupos políticos afines al progresismo mas radical y al anarquismo, lo que les "concedía" el título de "personas non gratas" para el común de la ciudadanía. Pese a ello, una gran parte de los intelectuales y de los líderes políticos mas importantes de principios del XX nacen de este ambiente; entre los que pueden citarse a Ramón del Valle-Inclán, o a Pablo Iglesias (quien en sus comienzos vivió en los cafés y de lo que le pagaba Bergamín por sus artículos)
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Sobre los cafés madrileños uno de los mas antiguos que se abrieron y que aún perviven, parece que fue El Comercial; donde dice Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales, que se enteró del asesinato de Prim. "El Comercial" sigue situado en la Glorieta de Bilbao y allí es donde se sabe que Camilo José Cela recreó algunas de las principales escenas de su novela La Colmena (negocio que  desde 1909 esta regentado por la misma familia: Sres. Contreras). Por su parte, el término y denominación de Generación del 98, se fragua y decide en El Café de Madrid (sito entonces, al principio de la Calle de Alcalá), donde asistían muchos de los literatos que la componían. Pese a que las reuniones de aquellos del 98, nunca tuvieron un café ni un lugar concreto y fijo; los hermanos Machado (en su estancia en la capital), frecuentaban y tenían su tertulia principalmente en el Café de las Salesas -donde se toma la foto de D.Antonio, hecha por Alfonso que antes hemos recogido-; aunque hacia 1927 la trasladan a El Café Español.
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Importante sería también destacar la función que entonces tuvieron las horchaterías, entre las que destacaba la llamada Las Candelas, situada en la Calle Alcalá (cerca de su cruce con la recién nacida Gran Vía). Local en el que se sabe se reunían los mas importantes anarquistas de principio de siglo; tanto que fue el último sitio donde se localiza a Mateo Morral (autor del terrible atentado de la Calle Mayor en mayo de 1905) -de quien se decía que era novio (o amigo) de una de las dependientas de aquella horchatería-. Por lo demás, se sabe entorno a este atentado, que pocos años mas tarde, se reunen allí Estébanez Murphy y Pio Baroja, teniendo la intención el escritor vasco de enterarse perfectamente de quien y cómo se había faciliado la bomba y explosivos a Mateo Morral. Comentándose que allí supo Baroja cómo se planeó el frustrado regicidio, saliendo indignado de Las Candelas, culpando a muchos personajes conocidos, de cuantos inocentes murieron en aquel suceso. Por su parte, aquel Don Pio, trabajaba y era socio de otra pastelería-café recién abierta en Madrid, que aún sigue en funcionamiento: Viena Capellanes.
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Para terminar este apartado sobre los cafés, resumiremos las tertulias mas importantes que había en los diferentes locales madrileños, a principios del siglo XX : En el Café del Gato Negro, en la Calle Príncipe (junto al teatro de igual nombre) tenía su tertulia Jacinto Benavente. Ramón Gómez de la Serna se reunía con los suyos en la Antigua Botillería Café Pombo, donde todos los asistentes se sentaban en una mesa larga y estaban obligados a llevar un alto sombrero de copa (tanto como había un buzón permanente en la barra del bar, donde dejar mensajes, críticas y cartas a Ramón). Junto a la Calle Peligros, en el Café Fornos tenía su reunión de filósofos y sabios, Ortega y Gasset, a la que nunca faltaban adinerados, toreros y profesionales de éxito (como Belmonte, Marañón y Zuloaga). Por su parte, el Doctor Marañón hacía sus tertulias en la cafetería Roma, sita en la Calle Serrano y que hasta hace bien poco fué punto de reunión de todo el "Madrid Serranero" (al que denominaban "los progres" como "el bar del pijerío").
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Curiosamente, el habitante mas importante de los cafés, el creador de las "Luces de Bohemia" (Valle-Inclán); se inclinaba -y nunca mejor dicho-, por la Horchatería La Flor y Nata-. La que aún conocí y visité muy viva y activa en sus locales de Arenal y la calle Reina; pues era el lugar preferido de mi madre, por haber sido el de sus abuelos. Posiblemente, fue el que más gustaba a Ramón (del Valle Peña), porque era allí donde mejor ponían la leche merengada con barquillos, y quizás gracias a ella, el pobre Don Ramón María pudo sobrevivir muchas jornadas en las que fue el verdadero actor y protagonista de su Max Estrella. Pese a esta preferencia, el escritor se movía por todos los cafés de la época. Habiendo sufrido el "accidente" que le hizo perder la movilidad en su brazo izquierdo, en una pelea del Café Montaña; tanto como frecuentaba casi a diario el Café Gijón. Este último (El Gijón), fué definitivamente elegido como el local de reunión de los artistas y literatos, desde 1927  hasta 1970; y  allí fueron viéndose las caras cuantos interesados había en las artes y las letras, desde final de los años veinte hasta mediados de los setenta.
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Así vemos que las generaciones de artistas y escritores pasaron y se formaron en estas tertulias y en esos cafés, en los que nacieron y se fraguaron la Generación del 98, la del Novecentismo y la del 27. Más tarde los literatos de Medio Siglo harían igual, tanto como los cineastas, actores y los pintores de la escuela de Madrid, Vallecas o de París (que igualmente se reunían a diario en los cafés -principalmente en El Gijón-). Pese a ello, a fines de los años setenta, aquellas tertulias se van disipando y pasan muchas de ellas solo a mantenerse en las radios. Es Luis Carandell, quien quizás primeramente abre este género trasladado desde los veladores del café, hasta las ondas hertzianas las reuniones de los cafés y finalmente, estas quizás solo las mantienen (con su verdadero carácter humorístico y cultural), Carlos Herrera y Lorenzo Díaz -en Herrera en la Onda-. Puesto que la tertulia tiene como principal eje, el tema del día (como si un "orden del día" se tratara) y los comentarios de ajenos, que participan en ella. Frases y dichos de intrusos, que van siendo comentados y completados por los tertulianos, quienes dominan el tema y han de "redondear" el contenido cultural de lo que se va diciendo, tanto como matizar lo que los ajenos comentan. Finalmente, pueden completarlas comúnmente otros personajes que actúan como incitadores o como "abogados del diablo", provocando a los oyentes y "pinchando" a los participantes; labor que realiza comúnmente  en Herrera en la Onda (cual un Pepito Grillo enfadado) Jose Miguel Rodriguez-Siero....
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Pese a todo, habríamos de plantearnos seriamente: "Qué fué de las tertulias y del café" y por qué murieron a principios de los años ochenta... . Lo que sin duda tiene su respuesta en la sustitución de estas, por"LA MOVIDA". Algo que lleva las reuniones a las discotecas y al ambiente del pub (o de "la marcha"; que entonces era lo último). Siendo desde aquellos años ochenta ya solo lo normal salir para ir a la "disco"; donde ya no se habla, porque no se puede ni oir la voz humana, debido a los decibelios con los que  se "pincha" allí la música. Así, con la "movida" de los ochenta, fueron muriendo las tertulias y los cafés, cuando la "gente" comenzó a relacionarse bailando el chunda-chunda y meneando las caderas (sin ni siquiera precisar charlar ni tener frase mediadora alguna...). Es entonces, cuando una cultura que al menos llevaba cien años desarrollándose en los cafés, feneció en menos de un lustro. Y, prácticamente con ello, desaparecierion todas las tertulias y reuniones de intelectuales, donde se charlaba, opinaba o declamaba. Algo que se sustituyó por el "meneo del esqueleto" y por "colocarse" y "ponerse hasta arriba"; lo que comienza  hacerse en los ochenta cuando salen las nuevas generaciones a divertirse. Un hecho que ciertamente considero que puede ir convirtiendo a quienes lo "practican a menudo" en esqueletos móviles, o en algo tan triste como las gentes que nunca conocieron, o ni siquiera supieron lo que fue una buena tertulia, o un café de la bohemia.    

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