jueves, 31 de marzo de 2011

JULIÁN CORTÉS-CAVANILLAS: Por la "gracia" de Dios

BAJO ESTAS LINEAS: Foto de Julián Cortés-Cavanillas hacia 1970, tomada de la solapa de su libro "Psicoanálisis". Este escritor (como puede verse en su fisionomía), era un "tipo" de una simpatía e ironía genial; pudiendo a sus "casi ochenta años", mantener los ambientes y tertulias más divertidos y entretenidos imaginados. Entre estos "ambientes" narramos al final de esta entrada, un "sonoro" suceso que se aconteció en el Palacio de la Zarzuela, protagonizado por este divertido hombre, quien fuera el biógrafo de la Casa Real.
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BAJO ESTOS PÁRRAFOS: Foto de Alfonso XIII, en los brazos de su madre (la Reina Regente, Ma.Cristina); imagen que le encantaba a Julián Cortés-Cavanillas y que publica en algunos de sus libros. En ocasiones le manifesté que -yo personalmente- no consideraba al el rey Alfonso, un buen monarca (tal como lo había sido su padre o -quizás- hasta su abuela). A lo que su biógrafo me respondía con la mayor educación: -"Pues no sabes que buen hombre y qué simpático era; tenía una "casta" y una "clase" que ya me gustaría hubieras visto de cerca. Para que te hagas una idea,  parecido a Leandro, pero aún más flemático... Y con eso te lo digo todo"-.

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Julián, fué nombrado biógrafo de Alfonso XIII hacia 1935, cuando el rey - ya en el exilio- apadrinó su boda y el escritor tenía solo veinticuatro años. Tras ello, parece que le asesoraba y ambos compartían largas horas de "charla", de las que Cortés-Cavanillas siempre nos mencionaba, lo irónico que era el monarca. Muchas veces le comenté al periodista que él debía escribir un "anecdotario real" (y nunca mejor dicho); recogiendo dichos, frases y chistes, que había oido del rey. Pero comentaba que habiendo publicado uno sobre Alfonso XIII, las verdaderamente divertidas eran convesaciones privadas y no se podían transcribir, ni dar a conocer. Yo le transmití que realmente era una pena, pues normalmente se escriben unas biografías, que a veces son unos "ladrillos", plenos de noticias y hechos históricos (conocidos por todos). Dejándo al margen el lado humano, que verdaderamente es el que a todos puede interesarnos.

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Hace pocos días, charlando sobre Cortés-Cavanillas con Cristina Caro -cuyo padre, Ignacio Caro, fue un amigo cercano al rey -  le comentaba lo mismo. Preguntando si su progenitor le había dejado un anecdotario (o un cuadernillo con anotaciones), sobre cosas y casos comunes y divertidos ocurridos junto a D. Juan Carlos. Historias en que se mostrase su lado humano y que pudieran interesar de veras a la gente. Tristemente, parece que los biógrafos se inclinan más hacia el lado serio y oficializado de la vida real, algo que en el caso de "los Borbón" es una pena, pues hasta Fernando VII tiene anécdotas de partirse de risa (alguna de ellas me las contó Julián y las intentaremos relatar, cuando podamos). 
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Desde el pasado terremoto de Japón, comenzaremos comunmente cada entrada de nuestro blog con el recuerdo a los damnificados de este trágico suceso; solicitando ayuda para ellos. Hay múltiples formas de colaborar con la Cruz Roja o UNICEF (para enviar  dinero, objetos y hasta alimentos).
Del mismo modo, recuerden que una de las mejores maneras de ayudar a Japón, es consumir sus productos (en especial su maquinaria y tecnología, que es inmejorable).
Muchas gracias a quienes así lo hagan.

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Tras la entrada anterior, he recibido alguna llamada (o comentario), exponiendo que quizás en el pasado artículo, me he excedido en la crítica de la Alta Sociedad Madrileña de hace más de treinta años. Pues "normal parece" que un hombre de setenta y cinco años  (como era en esta época Julián Cortés-Cavanillas) esté ya en edad de retirarse, viviendo el "tramo final"  de su vida. Evidentemente, ello es así y nada decimos sobre la falta de trabajo, publicaciones o colaboraciones de este autor en aquellas épocas. Es más, hay que entender y añadir a ello, el hecho de que en 1982 entra a dirigir España un Gobierno de Izquierdas (algo, que para nada había sido Cortés-Cavanillas). Lo que, evidentemente, supone una lógica "pérdida de importancia" para quienes han "apoyado" un lado un "tanto diferente". Por lo demás, en esa época, tener setenta y cinco años, era ser considerado un verdadero anciano. Incluso, hemos de añadir, que a principios de "los ochenta" (cuando España era gobernada por el Socialismo, tras cincuenta años de "paréntesis"), pudiera ser "más recomendable" que los monárquicos fueran encabezados y representados por personas más integradas en la Transición y con una trayectoria "menos definida" (como la que tenía Cortés-Cavanillas).
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Por cuanto decimos, nada nos referíamos en la anterior entrada a la falta de trabajo y de publicaciones, que desde 1985 vivía Julián; siempre deseoso de hacer colaboraciones y proyectos (para los que me solicitaba ayuda). Sino que nuestra crítica se refiere a quienes le habían cerrado sus casas y su cariño, siendo incapaces de enviarle ni un "christmas" en Navidades -pese a que pocos años antes (cuando este periodista era famoso), se deshacían en abrazos y elogios, en cuanto le veían entrar por una puerta-. De tal manera, mi comentario referido a ello en la anterior entrada, se centraba en una "Sociedad" madrileña entonces existente ( bastante dura y rígida) y que hace treinta años aún ocupaba las más importantes "capas sociales hispanas". Una "élite" que en su gran mayoría ya ni existe, habiendo dando paso a grupos mucho más tolerantes y  -sobre todo-, menos rígidos y endogámicos.  Habrá quienes se pregunten sobre una cierta animadversión, que se delata en mi persona, hacia la Alta Sociedad del Madrid de finales de los años setenta. A ellos les contestaría esto se debe tan solo "a que la sufrí".
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La sufrí y la viví en "mis carnes"; pudiendo asegurar que en gran parte, aquella "gente", tenía muchos mas parecidos y similitudes con el ambiente de la "clarina" Vetusta (ciudad de La Regenta), que con el Madrid actual. Tanto era así, que la pedantería y estiramiento de algunos círculos cerrados y "superbien" de fines de los ochenta, habían fracturado altamente el "clima social". De esa situación de "Sociedad cerrada", quizás los "de Izquierdas", se negaban siquiera a ponerse una simple corbata ni en Las Cortes, o a vestirse de manera similar a aquellos "tan importantes" (por no parecerse en nada a estos). Lo que provocaba que en la "calles capitalinas", se supiera quien era de Derechas o de Izquierdas, tan solo por el aspecto o el "uniforme"; llegándose a distinguir su filiación política hasta en el afeitado (siendo los de barba larga y jersey de punto muy ancho, los más "izquierdosos"...). Este clima había surgido en parte, "gracias" a una Sociedad altamente impermeable, dirigida en gran  parte desde la capital, cuya endogamia y rigidez mental era solo comparable a su falta de interés por añadir a nadie nuevo en sus listas de "conocidos" o "amigos".
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Lo que relato, llegó a ser cómico, puesto que hacia 1980, en las calles de Madrid podía saberse qué votaba cada ciudadano con quien nos cruzábamos, tan solo con observar cómo vestía (en un pueblo o ciudad pequeña era más difícil, ya que aquellos de "aspecto izquierdoso" podían tratarse de simples aldeanos...) . De tal manera, la filiación política y su relación con el aspecto (por lo general), eran más o menos como a continuación los describimos -tomando como modelo el "uniforme" de ciudad, de otoño a primavera, por aquello de que en verano, todos vamos mas o menos "hechos unos cerdos"...-.
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-VOTANTE DE IZQUIERDA (P.C.;  O.R.T.,  o similar): Jersey de punto grueso y muy ancho, con caída de hombros enorme y sobradamente largo. Pantalón preferentemente de pana (o vaquero), pero siempre de fabricación española. Nunca corbata ni menos pinzas en el pantalón. Camisa de cuadros, tipo campo y en caso de frio, bufanda de punto manual grueso (pocos abrigos usaban, aunque era normal verles con una pelliza -a ser posible usada y vieja-). En los pies, calcetines de lana (estilo mili) y botas katiuskas o de marca Segarra (con suela de goma). Comúnmente, se movían siempre con carpeta de papeles en las manos y un paquete de tabaco nacional, que ponían sobre el cuaderno, al dejarlo sobre las mesas (Celtas o Ducados, aunque de fumar rubio -cosa rara- "gastaban" Fortuna). Siempre con pitillo encendido a cualquier hora y sobre todo en la calle, principalmente "colgado en boca", ello les generaba una "mirada inquietante", producida por  aquel humo del cigarro que "encedía" su rostro delgado y barbado. Pues era común una gran barba sin arreglar ni cortar en años -a la que algunos añadían en las celebraciones: Flores o pegatinas del partido-. Luciendo comúnmente una larga pelambrera, sin cuidar desde hacía años. Por lo demás, de usar gafas, eran común vérselas redondas y finas (del tipo Valle-Inclán, teniendo vetado el bigote "corto" y tan solo tolerados grandes bigotazos peludos, rotos y sin "guías").
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-VOTANTE DE CENTRO IZQUIERDA (PSOE fundamentalmente): Vestimenta de diario, con camisa de sport a ser posible fea y con cuellos peligrosamente picudos, jersey de punto fino (quizás, hasta inglés). Pantalón de pana o sport bueno y sin pinzas; nunca de gabardina o "vestir", pero de pata ancha y corte raro. Chaqueta de sport, cuanto mas rara y hasta fea, mejor Calzaban botas o zapatos de cordón -en cuero y de calidad-, principalmente de ante. En caso de ser jornada de importancia o asistir a celebraciones, lucían traje de pana (fundamentalmente en marrón). Rara vez usaban corbata -salvo que el caso lo exigiera-  y no era tan común, verles con el pitillo en la mano (al menos por la calle). En vez de carpeta sucia y llena de papeles -como los anteriores-, solían llevar un pequeño portafolios en la mano; tanto como podían usar abrigo, tipo trenca hecha con botones de hueso (que parecían mas bien colmillos de un recién cazado, facochero sudafricano). De utilizar bufada, esta era de lana fina, tipo inglesa y de cuadros (en rojo principalmente). No era ta obligada la barba, aunque de llevarla, se lucía medianamente arreglada y aseada, tanto como el pelo podía llevarse largo, pero peinado (teniendo prohibido el bigote corto, tipo "facha").
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-VOTANTE DE CENTRO DERECHA (UCD principalmente): A diario, traje abierto y a ser posible del tipo normal o de confección. Jamás traje cruzado, ni menos con chaleco; sino modelo "simple" y en tonos en azules o grises (sin vueltas en el pantalón). Camisas de confeccion en un solo color  -a ser posible blancas y sin adornos-, con corbata colorida y muy ancha (eso sí, con pasacorbata del partido, del club, o la empresa), las solapas y cuellos de camisa, podían ser peligrosos en día de viento por su extremada anchura . Prohibido tirantes ni barrigas, y solo permitido un buen cinturón de cuero (nunca de cocodrilo), se permitía el traje con pantalón sin "pinzas". Siempre sin pañuelo en la solapa, ni adorno alguno más en la chaqueta; sus zapatos mejor debían ser unos mocasines, no muy relucientes y preferentemente en cuero boscan negro (nunca en ante). Importante es que el calzado nunca tuviera color ni adornos llamativos (negros y de simple antifaz; nada de utilizar zapatos en tono vino o con bocados, flecos, borlas ni mas "aditamentos"). Podían usar abrigo, mas nunca Loden; tanto como si fumaban, no debían hacerlo por la calle y debían sacar siempre una cajetilla de pitillos caros (al menos Winston o Marlboro, nunca Celtas ni Ducados, que era cosa de Izquierdas). Rara vez usaban barba ni bigote; siendo aun mas raro verles con bigotillos recortados, que tanto habían lucido los falangistas (años antes). Pelo recortadillo y especialmente prohibido el uso de la gomina o de la brillantina.  
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-VOTANTE DE DERECHAS (desde A.P. hasta los "difuntos" partidos de la Extrema): Traje caro, en tonos claros de día y oscuros de noche. A poder ser, siempre hecho a medida -o, de lo contrario, "de marca"-; mejor en cruzado (o  con chaleco)  y comunmente con vueltas en la pierna. Pantalón, siempre con pinzas, teniendo prohibido el de "caída libre", a menos que fueran de pana y para el campo. Luciendo pañuelo en el bolsillo alto de la chaqueta, era común también algún adorno o insignia en las solapas. Siempre que se pudiera y fueran vistos, convenía usar tirantes  -los había con la bandera nacional-. Ya que todo este equipamiento  (los tirantes, el chaleco o el traje cruzado), permitían la barriguita, que decían, mejoraba mucho "la pinta". Camisa llamativa, con rallas, o de color y sobre todo, blanca de noche, a ser posible hecha medida, con iniciales y de gemelos. Corbata siempre discreta y nunca colorida ni ancha (pasacorbata, solo si era antiguo o un regalo de familia). Abrigo Loden al ser joven y tras cumplir los cuarenta, de lana muy buena (en azul o beige). Ello, junto al zapato inglés bueno (en invierno) o mocasín llamativo (en verano), tenía unas reglas fundamentales, como la de no fumar en la calle, no llevar bufanda si no se vestía de "sport" o de smoking (bufanda blanca) y lucir algo que nadie pudiera adquirir en España (corbatas, gemelos, o zapatos de importación). Jamás calcetín blanco (solo para deporte) ni convenía llevarlos cortos: Largos, oscuros  y de hilo, en verano. Nunca con pelo largo, a menos que lo llevaran muy engominado, habían de salir a la calle bien peinados (o con brillantina), tanto como muy "encoloniados". De llevar bigote, siempre bien recortado o -de ser largo- con las guias engominadas. De lucir barba, había de ser muy cuidada y de tipo "decimonónica" (nunca larga y similar a la de los retratos románticos).
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Ni que decir tiene, que "un menda" pertenecía al último grupo y (además) era de los más imbéciles. Pero no se preocupen que fue solo una fiebre de juventud, pues la vida (a golpes) me fué rectificando y me encaminó hacia la normalidad -siempre, dentro de mis posibilidades-. Los hechos que me "rectificaron" fueron derivados por la dureza, antes mencionada, que se vivía entonces en la Alta Sociedad Madrileña. Al igual que fácilmente podemos entender que el ser de Derechas (en mi juventud, los años ochenta), significaba oponerse al poder y los mas fuertes de entonces -un "deber" para todo hombre con inquietudes, a los veinte años...-. Por lo demás, las diferencias de ideología y sociales de la sociedad madrileña es claro que se percibían hasta en la forma de vestir que hemos mencionado, siendo tan distintas las ideas como los aspectos de las personas. Algo que hoy puede observarse de igual manera, cuando vemos como los de Derechas y los de Izquierdas asisten a Las Cortes (o a sus mítines), prácticamente vestidos de igual manera. Así, sin apenas grandes diferencias en sus trajes muestran ahora las cercanías entre las formas de pensar hoy. Aunque, muy por el contrario, hace treinta años, las formas de vestir eran tan distintas como lejanas las ideas de quienes lucían las prendas.  Algo que "fracturaba" peligrosamente la Sociedad. Por ello, digo que aquel Madrid de tres décadas atrás era muy diferente, algo que muestra y demuestra que actualmente hemos mejorado y avanzado mucho (aunque no lo creamos).
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Pero pasemos a la "dura Sociedad" de los setenta, que se constituía bastante cerrada (sobre todo en Madrid, Villa y Corte), en la que dijimos que ciertos grupos eran "impermeables", estando muy poco interesados en que nadie ajeno a ellos, despuntase. Un hecho que se hacía más grave, por cuanto cada vez que algún "desconocido" o "ajeno estos círculos", tenía éxito en Madrid, sufría diariamente el examen y observación de aquellos que "desde décadas atrás", se auto-consideraban "los importantes". Siendo consecuencia directa, que cuando el "nuevo triunfador" perdía un ápice de poder -o de fuerza-, la Alta Sociedad madrileña, pasaba rápidamente a prescindir de él y a discriminarle. Esto era así y yo lo ví y lo viví en mis propias carnes. Lo sufrí en mi persona cuando a fines de 1983 -con veintidós años, recién cumplidos- regresé de la mili, y decidí dedicarme a la guitarra y a la Historia. Recibí entonces el primer "toque de expulsión" de los círculos "bien" madrileños; que entonces me fueron avisando que de seguir en mi intención de ser guitarrista (o dedicarme a la cultura), sería expulsado de muchos "grupitos de amigos". Algo que se agravó cuando un año después, decidí dedicarme plenamente a la música y a preparar una tesina sobre arqueología del Derecho (un estudio que me dijeron, era bastante raro e inadecuado). Con la intención de ingresar en el seminario de Historia, entregué mi "paper" llamado "Las Leyes de Tarschisch" -que deseaba fuera el principio de mi tesis de Derecho-  y aquello, fué el hazmerreir de algunos de mis compañeros que se iban a dedicar a las finanzas y con los que desde niño había estudiado (algo que llamaban "la gente bién"...).
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Finalmente (en 1985), desistí de seguir con mis intenciones jurídicas y preferí dedicarme a  componer y tocar la guitarra, lo que supuso ya el final de muchas de mis amistades desde la niñez (quienes dejaron de tratarme, como si tuviera una enfermedad contagiosa e incurable). Las puertas de casi todas las grandes mansiones, que hasta entonces estaban abiertas, se me cerraron y la mayor parte de la "gente bien" me comenzó a tratar como a una oveja descarriada o un individuo "de tercera categoría". Siempre, en cualquier reunión donde te preguntaban por la guitarra, aparecía una sonrisa con mas sorna que gracia. Para colmo, pareció que algún listillo se enteró que no iba a seguir con el Derecho ni  aquella tesina jurídica (escrita par de años antes) y me la vi en publicada por una de las mejores editoriales - evidentemente, firmada por un profesor...- .
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Esta situación personal fue la que viví entre 1984 y 1987; los años en los que compartí tertulias y charlas con Cortés-Cavanillas. Por lo que comprendía muy bien qué sentía Julián al ver como le discriminaban, quienes poco antes le adularon y le debían decenas de favores. Ello, quizás fué lo que me hizo volcarme y atender doblemente a Cortés-Cavanillas, cuando dos amigos suyos (de los incondicionales, como él los llamaba), me comentaron en privado la situación que vivía. Se trataba de Fina y Fernando Calderón, quienes he de reconocer que se portaron muy bien con el escritor hasta los últimos días de su vida. Tristemente, por mi carácter o por mi forma de ver la cultura, no pude congeniar con Fina, quien intentaba "ayudarme", a cambio de integrándome a su "grupo"; lo que me llevó a tristes encontronazos con ella (pido perdón por mi sinceridad, pero lo incluyo para dar a conocer la verdad, tanto como el valor de cuanto hicieron por nuestro común amigo Julián). Ella y su marido Fernando (un hombre educado y bueno), se portaron muy bien con Cortés-Cavanillas, del me pusieron en antecedentes, sobre como estaba sufriendo una fuerte depresión, al ver que tras perder fama y poder, casi todos le daban la espalda. Se lo pregunté a Betsy Westendorp, quien igualmente me lo confirmó, tanto como ella intentó ayudarle y animarle.
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Como digo, todo ello me hizo interesarme mucho por el escritor y aborrecer bastante los círculos de "elite" madrileños de los setenta-ochenta. Una "cierta alergia", hacia estos grupos "bien" de la capital, que pocos años más tarde, se me confirmó definitivamente; al tener  que ver algo muy similar en mi casa. Sucedió hacia 1988,  cuando "jubilaron" a mi padre de todos los cargos y le mandaron para casa, sin más que el agradecimiento (para poner a sus amigos, en los puestos y lugares, que él había creado). Tristemente la situación se repitió, porque fueron muchos de los "más cercanos", los que procuraron hacerle el vacío, para que se marcharse "a su casa" (donde al menos conseguí aficionarle a la arqueología, para que entretuviera sus ratos libres).   Por cuanto viví y me sucedió en esta época, he comentado y escrito de la manera que lo hice sobre los años ochenta. A nadie he mencionado, más que de manera positiva (solo he dado los nombres de quienes se portaron bien con Julián), por lo que no creo que nadie pueda sentirse ni aludido, ni menos citado.
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Así que sigamos con Julián Cortés-Cavanillas, al que pregunté alguna vez el por qué algunos monárquicos -a veces-  le hacían tanto "vacio". Él me contestó, que la razón principal era la "pelusilla", pues el rey (la Familia Real, al completo) le seguían tratando con predilección y mucha diferenciación frente a otros. Así supe que algunos detalles del rey con él, levantaban muchos celos a otros que se sentían más importantes. Como por ejemplo, cuando a veces  le comentaba con sorna y en público una broma como la de:   -"Julián, que me están saliendo canas. A ver si para la proxima vez, me vienes a la Zarzuela, con La Carmela"-.   (La Carmela, era entonces un tinte-agua de colonia de pelo) . Tanto como que la gente supiera que le había cogido en brazos, llevándole en volandas haciendo chistes. O que, a veces el monaca, hiciera  unas "pequeñas" diferencias, mostrándole un cariño muy distinto al que tenía con otros.  Algo que había llegado a manifestarse en darle a Julián, hasta besos en la calva, en público. Todo ello, provocaba algunos "celos" a muchos, porque eran actos obsolutamente fuera de todo protocolo  -en ocasiones, realizados frente a todos, o en recepciones oficiales-.
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Sobre este último hecho del beso en plena calva, hay una anécdota increible, que pudo presenciar "medio Madrid" y que la narro, porque cuando Julián la contaba, no podía parar de reirse. Se refiere a ella Alfonso Ussia, recogiéndola con detenimiento y gracia, en un artículo de la revista Tiempo, publicado el pasado mes de semptiembre, intitulado "Pumba". En este, recoge claramente que en la Recepción del 23 de abril (de 1980 -creo-) en la que los reyes recibían a los escritores y periodistas, habían asistido varios gafes de la profesión. Los presentes en el acto, se separaban de los gafes que allí había, pero  parece ser que Julián -que era siempre correcto y bondadoso- debió sentir pena hacia aquel al que nadie se le acercaba. Tanto fué así, que al subir al salón de la Recepción, Cortés-Cavanillas pidió ayuda al peor de los gafes (pese a estar avisado por varios); atreviéndose a tenderle su brazo con el fin de que este "repartidor del infortunio", le asistiera echándole una mano mientras intentaba llegar arriba (en las grandes escaleras).
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Una vez en el segundo piso, parece que se situaron todos los escritores y periodistas invitados a la celébración del Dia de Cervantes. Allí aparecieron los reyes y fueron saludando uno a uno; pero al llegar frente a ellos Cortés-Cavanillas, este se cuadró como de costumbre, dándo un fuerte taconazo de saludo mientras bajaba la cabeza enérgicamente. Parece ser que con "el esfuerzo" y al hacer tan rítmico movimiento, se le escapó una ventosidad terrible que dicen, se oyó hasta en los montes de El Pardo. No se sabe si aquel "pedillo" (o mas bien habría que decirse "pedazo de pedazo" -según quienes lo oyeron-); se debió a los nervios, a problema fisiológico, o a otro motivo "suprahumano". Más la cosa cierta, es que todos los asistentes a la recepción, dedujeron rápidamente que se trataba de un maleficio del "gafe", que le había ayudado a Julián a subir las escaleras.
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Por lo narrado,  el escritor "apedrentado", parece que tras el  acústico suceso, se encontraba en una doble situación difícil: Primera, la "nota" dada (nunca mejor dicho). Segunda, que acusaban a su acompañante de haberle producido el "airoso maleficio"; algo que le creaba una peor sensación, pues pensaba el escritor, que ninguna culpa podía tener aquel hombre que le había ayudado a subir, de su triste "fallo de escape". El asunto, terminó bien, ya que al acabar el saludo (besamanos); mientras se celebraba el ágape, se acercó el rey hasta Julián y sin  mediar palabra alguna, ni poner el monaca cara de broma (cosa que parece más que difícil, dada la situación). Allí, mirándole con gran cariño, le dió un beso en medio de la cabeza -de la calva, pues el pobre Julián debió perder el pelo, poco después de hacer la Primera Comunión...-. Parece que tras ello, el escritor se volvió a sus compañeros y les dijo que aquel quien le echó una mano en la escalera, no era ningún gafe y muestra de ello era el besito en plena la calva que le habían dado, un honor a pocos concedido por un monarca.
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Recuerdo como contaba Julián este hecho, que le encantaba a mi madre; pues el pobre, ponía una cara de sorpresa tremenda, llevándose las manos a la boca, mientras definía el tipo de "estruendo" emitido en tan regio momento. Diciendo con gran emoción: -"No sabes como fué... . Sonó a la vez que el taconazo; con tal fuerza, que los centinelas que estaban en la puerta, debieron de creer que se trataba de una ráfaga, y hasta montaron el arma... ."-.  Tras ello se echaba a reir y se le saltaban las lágrimas, recordando lo del gafe y la cara de los asistentes (tanto como la de los monarcas). Terminando  poco después  -cuando podía parar de reirse-, con la frase: Menos mal que llegó luego el rey, con gran cara de cariño y me dio el besito en la calva. Porque si aparece con cara de juerga, no sé como hubiera terminado la tarde, ya que el ambientillo de cachondeo que había en la recepción era de cuidado. Así era Julián, un tipo genial, cargado de buen humor, capaz de generar en plena realidad (nunca mejor dicho), una situación mejor y más divertida a las de Peter Sellers en la famosa película, El Guateque... . Y es que dice el Lema Real, que la "gracia" es de Dios... . Y es que Julián; la tenía toda -y con la mayor bondad-.   

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